APOSTOLADO


«Si reinan en la Congregación verdadera humildad,
amor fraternal y espíritu de oración, podremos esperar la bendición de Dios
sobre nuestras obras».
 Madre Paulina, 1881

«Como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo» (Jn. 17,18). Esta misión la llevamos a cabo, en primer lugar, haciendo presente a Cristo mediante el testimonio de una vida santa. Nuestra vida religiosa será tanto más fecunda cuanto más íntima sea la entrega a Jesús, más fraterna la vida comunitaria y más ardiente el compromiso en la misión propia de la Congregación.

Al hombre de hoy, a quien no convencen las palabras sino los hechos, lo ayudamos a descubrir a Cristo con gestos sinceros y concretos, con disponibilidad para escucharlo, aliviar sus heridas y transmitirle esperanza en medio de sus angustias e inseguridades, manifestándole el amor con que Dios lo ama.

Como la Madre Paulina, sierva de los pobres y luz para los ciegos, privilegiamos en nuestras obras el servicio al más necesitado.

La educación es uno de nuestros apostolados principales y nos entregamos a ella con la mayor dedicación, sabiendo la trascendencia que la tarea educativa tiene en la Iglesia y en el mundo. La formación cristiana de niños y jóvenes, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia sobre la escuela católica, es un fecundo apostolado. En la escuela se evangeliza a toda la familia y se educa a las futuras generaciones para que puedan transformar la cultura según los valores del Evangelio.

En nuestra misión contamos con la valiosa participación de numerosos laicos que, comprometidos con nuestro carisma, trabajan con nosotras para dar testimonio de la Buena Nueva de amor, de justicia y de paz. Algunos de ellos se asocian a nosotras para vivir el carisma de la Made Paulina de una forma más intensa y colaborar más estrechamente en nuestro apostolado.

Actualmente realizamos nuestra misión en colegios en Argentina y en Uruguay. También asistimos a enfermos de escasos recursos en una Policlínica en Montevideo.

Aceptar los desafíos de la misión implica para nosotras, entregarnos con entusiasmo y generosidad y abandonar en las manos del Padre los frutos y el tiempo de la cosecha.