COMUNIDAD

“Que todos sean uno” (Jn. 17,21).
Este fue también el deseo de la Madre Paulina: que sus Hermanas sean un solo corazón y una sola alma. Esta profunda unidad, arraigada en viva fe, es un don del Espíritu Santo y tiene su origen y modelo en la vida de la Trinidad. Se fortifica por nuestra celebración de la Eucaristía y por la vivencia del Carisma y la misión que compartimos (Const., art. 28).OC

Nuestra vida comunitaria es parte esencial de nuestra vida religiosa. Apoyadas por la comunidad somos enviadas a cumplir nuestra misión donde el Señor nos necesita para llevar la Buena Noticia. Allí donde estamos nos “sentimos en casa” y nos ayudamos mutuamente a responder con plenitud a nuestra vocación de seguir a Cristo más de cerca.